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viernes, 8 de agosto de 2014

Desde algún lugar

Ya habían pasado algunas horas después de mi óbito, mi carne estaba fría, los latidos eran ya una evocación, mi sangre no cercaba mi cuerpo, ya era un hecho.

En aquel trance comencé a viajar, eran un pasaje muy largo, lo recuerdo por que era casi tan parecido al que nos enseñaban en esas películas de fantasmas...
Fue un trance prolongado, pero mis energías estaban recargadas, me encontraba "full", "como recién nacido",  en un lugar extraño, todo estaba oscuro, y yo, vagamente circundaba por lo que parecía camino de armazones humanos, no me aterraba, era normal que viera ese tipo de cosas según mis gustos, daré una descripción detallada de aquel enigmático lugar: Se respiraba un aire caliente, un miasma insoportable transitaba sobre el y me mareaba con cada resoplo, algunas chispas invisibles quemaban mis tobillos pero los ignoraba, aún ninguna luz se manifestaba ante mi. Camine un largo rato, transite pisando fuertemente aquellos restos olvidados, de pronto, pude notar que el camino ultimaba en un acantilado, un mar de magma irrumpía fuertemente en mi paisaje antes nublado, algunos cánticos exóticos atronaban en el espacio y yo allí presenciando un episodio singular.

Pude notar por un momento que mi cuerpo estaba paralizado, quizá no era miedo, quizá tan solo fuera sorpresa, o tal vez (por que no) me encontraba fascinado por aquel espectáculo que precisaba. No tenía explicación alguna de que pasaba con mi vida, que pasaba conmigo, del por que me encontraba en este averno nauseabundo,  me senté en uno de los restos desconocidos que a mis pies estaba y trate de recordar fue de mi hace algunos instantes antes de aparecer en aquel lugar...
 Mi mente en blanco no decía nada luego de algunos minutos de meditación, tan solo quedaba explorar aprovechando que mi "turbación" se disipaba, notaba que de entre el manto de fuego que cubría aquellas laderas manaba lo que serían unas extrañas figuras sin formato alguno, parecían plañir con todas sus fuerzas, lo digo por el horror que podía observarse en las facetas de lo que aparentaba ser su rostro.

Me encontraba atónito ya no era nada agradable precisar en aquel sitio, pero, ¿y la salida?.  Exasperado transitaba por el lugar tratando de hallar lo que diera a la salida. Les cuento amigos míos, pude haber durado lo que duran unas tres sonatas de "Delirium Cordia-Fantomas"-Preciso para mi relato- me encontraba delirando, no hallaba la manera de salir de ese lugar, la transpiración causaba en mi un brillo notable, melena corta  alborotada, mi vestimenta estaba desgarrada y llena de sangre (algo raro por que no tenía herida alguna), y en mi interior un nudo en la garganta borraba las palabras que pude haber dicho en tal momento.

La desesperación se apoderaba de mi, y mis gritos de ayuda no se hicieron esperar, sin repuesta alguna, trataba de ignorar los entes en lava ardiente que junto a mi marcábamos el lugar con algarabía.
Caí de rodillas, pensando en todo lo que me estaba pasando, por mi mente transitaban pensamientos de culpa, buscaba motivos en lo más recóndito de mi mente, alguna clase de droga, pero nada...

Luego de varios -Si se pueden llamar así- "días" aún me encuentro aquí, en este horrible lugar, esperando mi rescate, solo, y tal vez con los sentidos alertas trato de sobre-morir (sarcasmo), dejo esta descripción de mi situación rogando a la vida que alguien pueda salvarme.




                                              Jorge E. Carmona







jueves, 7 de agosto de 2014

"Decidimos ocultar nuestros cuerpos inertes y disfrutar el resto de nuestra muerte juntos"

                                              Jorge E. Carmona 

PESADILLA ENCONTRADA.



Me hallaba perdido en mi habitación, como de costumbre era el último en pie en mi casa, todo oscuro tan solo la traslucida luz de la pantalla iluminaba mi conciencia, mientras mi ser reflejaba su sombra en la pared a mi espalda. Ya eran las 2 y media de la madrugada todos dormían, pesadamente en sus subconscientes, mientras yo, vagabundeaba en la trafuga ficción de las películas de terror, ya no me daba pánico, lo consideraba casi absurdo. Aunque mi consiente y subconsciente no reflejaran lo mismo, pues muchos pensamientos oscuros se apoderaban de mí. Sentía como era vigilado por los seres de inframundo, por fuerzas incomprensibles e inexplicables de la ciencia.
Ya eran las tres, me encontraba en mi habitación, con los ojos abiertos tratando de percibir mí alrededor en la oscuridad. Era extraño pues sentía mi cuarto más grande de lo normal, no podía sentir la proximidad de los muros, era como si me encontrara en la lejanía, al exterior perdido en medio de la espesa niebla. Todo era muy confuso en mi mente, tan solo trataba de darle sentido a lo que sucedía. El frio no me lo permitía. Un momento, ¿sentía frio?, realmente sentía frio, mientras mi hermana en el cuarto adyacente a mi encendía su ventilador para sentirse más cómoda al dormir.
Estaba tal cual como se sentiría un navegador sin su brújula. Tan pronto me empecé a cuestionar lo que sucedía, envuelto en pánico decidí hundirme tras mis sabanas, tal como lo haría un niño al conocer por primera vez el mundo espectral. Al momento sentía calma, pero no duro mucho, las cosas de pronto mutaron de sentido, ya mis sabanas no estaban, sentía el frio de nuevo, y estaba descubierto, como si no fuera suficiente mis ojos, reflejaron una silueta tras la ventana, estaba fija, mientras mi mente viajaba al pasado, preguntándose si esa silueta se encontraba allí antes. No era asi, el pánico y el miedo ya eran parte de mí, no podía respirar con calma, cada respiro hería mi calma.
Tren pronto cerré los ojos tratando de evadir la situación, la silueta desapareció. Mi calma regresaba a mi cuerpo de nuevo, pero todo sentido y calma se disolvió, tan pronto observe la silueta más cerca aun, y esta vez observaba su movimiento, acercándose lentamente, con  cada sonido del segundero de mi reloj. No sabía cómo reaccionar, ya me hallaba perdido, tan pronto parpadee, aquel rostro añejado por el tiempo, destruido por el sufrimiento, con ojos sin luz ni presencia, se encontraba a tan solo dos centímetros de mi nariz. Este espectro observaba como si buscara algo en mi pálida expresión de miedo. Después de diez latidos de mi corazón, aquel espectro pronuncio una palabra: ¡despierta¡

Y allí estaba de nuevo, dos y media, el televisor encendido, todos durmiendo, perdido en aquella mala película de terror.





Danny P.