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jueves, 7 de agosto de 2014

PESADILLA ENCONTRADA.



Me hallaba perdido en mi habitación, como de costumbre era el último en pie en mi casa, todo oscuro tan solo la traslucida luz de la pantalla iluminaba mi conciencia, mientras mi ser reflejaba su sombra en la pared a mi espalda. Ya eran las 2 y media de la madrugada todos dormían, pesadamente en sus subconscientes, mientras yo, vagabundeaba en la trafuga ficción de las películas de terror, ya no me daba pánico, lo consideraba casi absurdo. Aunque mi consiente y subconsciente no reflejaran lo mismo, pues muchos pensamientos oscuros se apoderaban de mí. Sentía como era vigilado por los seres de inframundo, por fuerzas incomprensibles e inexplicables de la ciencia.
Ya eran las tres, me encontraba en mi habitación, con los ojos abiertos tratando de percibir mí alrededor en la oscuridad. Era extraño pues sentía mi cuarto más grande de lo normal, no podía sentir la proximidad de los muros, era como si me encontrara en la lejanía, al exterior perdido en medio de la espesa niebla. Todo era muy confuso en mi mente, tan solo trataba de darle sentido a lo que sucedía. El frio no me lo permitía. Un momento, ¿sentía frio?, realmente sentía frio, mientras mi hermana en el cuarto adyacente a mi encendía su ventilador para sentirse más cómoda al dormir.
Estaba tal cual como se sentiría un navegador sin su brújula. Tan pronto me empecé a cuestionar lo que sucedía, envuelto en pánico decidí hundirme tras mis sabanas, tal como lo haría un niño al conocer por primera vez el mundo espectral. Al momento sentía calma, pero no duro mucho, las cosas de pronto mutaron de sentido, ya mis sabanas no estaban, sentía el frio de nuevo, y estaba descubierto, como si no fuera suficiente mis ojos, reflejaron una silueta tras la ventana, estaba fija, mientras mi mente viajaba al pasado, preguntándose si esa silueta se encontraba allí antes. No era asi, el pánico y el miedo ya eran parte de mí, no podía respirar con calma, cada respiro hería mi calma.
Tren pronto cerré los ojos tratando de evadir la situación, la silueta desapareció. Mi calma regresaba a mi cuerpo de nuevo, pero todo sentido y calma se disolvió, tan pronto observe la silueta más cerca aun, y esta vez observaba su movimiento, acercándose lentamente, con  cada sonido del segundero de mi reloj. No sabía cómo reaccionar, ya me hallaba perdido, tan pronto parpadee, aquel rostro añejado por el tiempo, destruido por el sufrimiento, con ojos sin luz ni presencia, se encontraba a tan solo dos centímetros de mi nariz. Este espectro observaba como si buscara algo en mi pálida expresión de miedo. Después de diez latidos de mi corazón, aquel espectro pronuncio una palabra: ¡despierta¡

Y allí estaba de nuevo, dos y media, el televisor encendido, todos durmiendo, perdido en aquella mala película de terror.





Danny P.

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