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jueves, 8 de junio de 2017

Sobran motivos

Sobran motivos para confesarte mi amor
para llenarte el alma de besos y la piel de caricias
para tenerte en mi mente y mi pecho
para tatuarte en mi alma con sentimiento grato
para anclarte en mis pupilas con gozo
para agradecer a la vida por tu presencia
por confesarle al viento tu aroma
por acompañarte día a día en la noche
para tenerte vida mía
para soñarte
para verte

sobran motivos....





Jorge E. Carmona

lunes, 29 de mayo de 2017

Liberado

Ahora me voy
me despojo de tus besos
de tus caricias insensatas
de tú ocio prolongado
dejo de quererte
dejo de hablarte
dejo de tenerte
me libero de tu alma
de tus palabras
de tus miradas
de mi sufrimiento


Ahora, vuelvo a ser feliz...


Jorge E. Carmona


Recuerdo

Su aroma me lo trajo el viento, cada árbol de aquel viejo barrio susurraba su nombre en mi oído, sus ojos los veía en cada papel publicitario. Su voz se encontraba incrustado en mi pecho, sus labios, encarnados en los míos, sus pupilas en mis párpados, mil motivos por estar a su lado, ella, desde el cielo me miraba...

domingo, 14 de mayo de 2017

Venganza

La miré fijamente mientras clavaba mi estaca en su pecho, su sangre salpicaba mi camiseta azúl, se confundían así mismo con el terciopelo de la alfombra, se escuchaba por la puerta el cantar de los abichucos, las carretas pasaban por la carretera, y al otro lado los niños corrían, ¿Yo? Sonreía, mi venganza estaba completa

Ojos

¿Como olvidar sus ojos?
Si tan solo al cerrar los ojos aparecen
Si tan solo con tener aire los suyos están
Si el viento retoza en mi mente su color
Si las cálidas notas del piano me la recuerdan
Si al mirar el jardín en las flores encuentro su belleza
Si al llorar, en cada lágrima encuentro su consuelo
Si en cada parpadeo se incrusta más en mi



Jorge E. Carmona

Sin título

El hombre poseía un centenar de cabelleras cenizas por cada preocupación de su ajetreada vida, el paso de los años cobraba en su piel la manutención, sus barbas se cristalizaban en el otoño, y al llegar el final de septiembre las manchas de sus manos se oscurecían siempre un poco más.
Ya no era lo que se recordaba, el animoso chico desaparecía mientras más vueltas daba el viejo reloj parisino, sus corneas gastadas ya blanquecinas revelaban las ansías de ver su música, y sus pies tocaban sin piedad el pedal de aquel viejo piano, aquel mismo amante de solfeos tristes como su existencia...


Jorge E. Carmona

martes, 24 de enero de 2017

Sus ojos...

Luego de ver su sonrisa no conseguía ver las demás cosas maravillosas del mundo de la misma forma. El brillo del mar en un atardecer no se comparaba con la lucidez de su mirar al sonreír. El arco-iris se veía opaco al lado del hermoso café de su propio iris. El elegante calor abrazador del sol en verano ya no era nada al lado del calor que se incrustaba en mi cuerpo sin vacilar cuando me miraba al decirle que la amaba. La tormenta ensordecedora se apaciguaba cuando su pupila se dilataba. Las olas del mar cosquilleaban mi pecho menos que sus pestañas de pétalos sencillos. Sus ojos eran tan impactantes que podía ver las estrellas tan cerca como podía besar sus labios...





Jorge E. Carmona