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jueves, 22 de noviembre de 2018

Olvido

Se reflejaba, claro que si. Su nombre rebotaba en las paredes y regresaba a mi como un clamor. Yo comprendía la falta que me hacía y sabía que el sonido de la lluvia que entraba por aquel vidrio viejo no iba a ser suficiente para callar su nombre en mi cabeza. Cada diminuto grano de polvo hacía percutir cada letra de su nombre en mis oídos, con cada respiro inhalaba una pizca de su aroma aún brioso. En las paredes de mi cuarto se podían observar mil ojos verdes, rostros blancos, pálidos con cabelleras de oro. No sabía cuánto más aguantaría, era inevitable esconder esa sensación de desaliento, no sabía si pensaba regresar, no sabía nada.

Los días pasaban y sin pensarlo la iba olvidando, caminaba por las calles manchadas de recuerdos que ya no sabían a ella. El olvido que era una virtud  me estaba invadiendo. Poco a poco, luchando contra mi mismo dejé que sus pecas se fueran de mis palmas, que sus dedos no tocaran mi pecho pero su corazón estaba en mi alma. El eco se volvía cada vez más incesante.



Jorge E. Carmona

lunes, 6 de agosto de 2018

Felicidad

Hay que sentir la felicidad, amar la felicidad, no entenderla ni explicarla



Jorge E. Carmona

sábado, 30 de junio de 2018

Adiós

Ella ardía como el fuego, su cuerpo era candela pero no quemaba, sus caderas se retorcian y sus dedos se cruzaban, sudaba en exceso, el tiempo corría mucho más lento, cada efímero vacilante as de luz reflejaba su pureza mortal... La besaba con hambre insaciable, pareciese que la vida allí nos quería y mientras más intenso se ponía cada beso sus uñas se clavaban con mayor fuerza en mi pecho y sus corneas se clavaban cada vez más en mi alma...
Al caer la noche, con el sol venía el adiós, aquel maldito adiós que dejaba amargura plena en mis labios, sonsoneando viejos tangos me alejaba de su cuerpo llevando conmigo el alba de sus besos

Jorge E. Carmona

jueves, 31 de mayo de 2018

Días

Hay días en los que las letras no fluyen, los párpados se gastan y las ganas se van con el viento. Hay días en los que el sol parece no brillar y la lluvia no cae sobre nuestras cabezas. Hay días en  los que ni el sueño nos invade, en los que el rencor nos llena. Hay días en los que el amor se va, la soledad nos acompaña. Pero también hay días en los que las letras nos salen por los poros, en los que el sentimiento en forma de tinta cae por nuestros ojos, en los que el corazón late con fuerza, el alma quiere salir, quiere ser libre, esos días son nuestros. Momentos en los que una sonrisa nos llena, un abrazo nos limpia. Días en los que unos ojos marrones nos completan, nos purifican. Días en los que la vida cobra realmente sentido.

Jorge E. Carmona