Hoy, lo recuerdo perfectamente, aquel día en el que transitaba aquella avenida, al fin de esta dos puertas sin forma aparente separaban la entrada a aquel paraninfo en donde cosas inesperadas estaban a punto de comenzar.
Fue un día casual, el cielo estaba algo adormilado por aquella época, el sol en esos días casi no dejaba ver su máximo resplandor. Transitaba vagamente, mi vestimenta era la normal para un día turbado, nada especial, tan solo unas botas locas desgastadas, una camisa blanca (de la suerte ahora creo), mis penachos despeinados, mi morral vacante.
No esperaba nada, no buscaba nada, al dar unos 20 pasos luego del portillo, me encontraba ya en aquel recinto mirando a mi alrededor tratando de asimilar algunas imágenes nuevas aún para mi.
Gente pasaba, algunas con miradas perdidas, otras exhalando humo extraño, algunos felices, otros con caras fantasmales fatales, algunos despeinados, otros revolcados... Al final del lúgubre lugar, en unas de las bancas que se asomaban sus narices invitando a ocupar un sitio en ellas observe algo, algo que resaltaba de entre todo. No era muy especial de hecho, una mujer de piel blanca, cabello alborotado, cejas hermosas lo recuerdo bien, lentes rosas, mirada tranquila, algo asombrada y sola.
Bella sin duda pensé, mientras escuchaba música de fondo que provenía de entre los matorrales, sentí el impulso de caminar hacía ella, obviamente no lo haría, ni pensarlo, no sabía como iba a reaccionar aquella dama de blusa rosa (seguro para que combinara con sus gafas). No quería ahuyentarla, sigilosamente me acerque, cuidando muy bien mis pasos, sin tropezar, firmemente, sin apartar mi mirada, sin darme cuenta mi corazón se aceleró, mis pupilas estaban dilatadas como siempre las manos estaban mojadas de la sudación inesperada, no podía dar marcha atrás, ella levanto su mirada sobre mi... En mi mente ocurrieron miles de cosas, mis neuronas se perdieron por un momento, con su mirada perdí la orientación, perdí el sentido, me robo la respiración sin siquiera tocarme, esos ojos marrones, pequeños, fue una explosión, en ese momento no hubo tiempo ni espacio, los relojes se detuvieron por un segundo, sentí como cambio todo desde ese preciso momento, cuando sus ojos se mezclaron con los míos, como su mirada alcanzo mi alma, como quedo grabado ese momento en mi mente...Estaba fascinado al estar cerca de aquella mujer, podía sentir como mis latidos aumentaban, todo parecía estar controlado hasta que me atreví a detallarla:
Su rostro era angelical, nunca había visto uno igual, su nariz, algo chistosa pero hermosa, (parecía que todo iba bien, era solo una falsa alarma) pensé, sus labios algo pálidos pero algo tenían, sus labios parecían ser dulces, no podía dejar de mirarlos y tan solo trataba de contar la cantidad de lunares que poseía celosamente, entre en desespero traté de ver sus manos, el sudor en mi cuerpo aumentaba y los latidos que parecían controlados re aparecieron con más fuerza, parecía que el corazón se iba a salir de su órbita natural, sus manos pequeñas, acordes con su cuerpo, suaves y tiernas, limpias manos que tan solo demostraban la pureza de su cuerpo. Su aliento era cálido y disfrute mucho de el, me sentía tan cómodo...
Fue un recuerdo fantástico, mi vida no ha sido la misma desde entonces, ya son 50 años, ella esta a mi lado durmiendo, aún sigo viendo esas cosas hermosas que en ese tiempo me hicieron vibrar, ahora mismo espero con ansias para darle un beso al desayuno.
Jorge E. Carmona
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