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sábado, 30 de junio de 2018

Adiós

Ella ardía como el fuego, su cuerpo era candela pero no quemaba, sus caderas se retorcian y sus dedos se cruzaban, sudaba en exceso, el tiempo corría mucho más lento, cada efímero vacilante as de luz reflejaba su pureza mortal... La besaba con hambre insaciable, pareciese que la vida allí nos quería y mientras más intenso se ponía cada beso sus uñas se clavaban con mayor fuerza en mi pecho y sus corneas se clavaban cada vez más en mi alma...
Al caer la noche, con el sol venía el adiós, aquel maldito adiós que dejaba amargura plena en mis labios, sonsoneando viejos tangos me alejaba de su cuerpo llevando conmigo el alba de sus besos

Jorge E. Carmona

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