...Fue algo único, algo que no se ve todos los días y que no se repite tan a menudo.
¿Puedes tú, imaginarte mi situación? (entenderás que, todo sucedió tan calmadamente que aún mi piel se eriza al recordar, mientras escribo cada letra), era una noche, una noche en la que el viento soplaba un aire caliente, ese aire mismo entraba por un pequeño orificio en una de las ventanas de aquel cuarto oscuro, ella y yo, adornábamos aquel paisaje, robábamos cada frase que pudo haberse escrito en todo el mundo esa noche.
Las sabanas, blancas y puras como su alma, algunos charcos de luz que entraban con el paso de los autos a las afueras del recinto iluminaban un cuerpo desnudo a mi lado, estaba maravillado, aún sigo pensando que jamás encontraré algo igual, sus cabellos cubrían parte de su cuerpo, un cabello oscuro, alborotado, perfecto para mi gusto. Su rostro era tan limpio, sus mejillas rojas por la intensidad del momento, sus labios-!Ay¡ por Dios, sus labios, tan solo puedo decir de ellos es que cuando más los besaba más hambre de ellos tenía-, Su piel, tan suave y lisa, mis labios se resbalaban sutilmente alcanzando cada uno de sus poros.
Era algo propio de personas frenéticas, disfrute cada beso, cada palpito de su corazón que estremecía nuestra noche era una suave melodía, sus manos junto a las mías formaban la mejor pareja de todas, sus labios y los míos, formaban la mejor orquesta, su cuerpo y el mio formaban una maravilla inexplicable, su existencia y la mía es una bendición.
Se trataba de rozar su piel de la manera más suave posible, pues su delicadeza derivaba de allí, cerré los ojos y disfrute de su cuerpo, el roce y el calor que con el mio se producía, le repetía una y otra vez al oído lo mucho que la amo, mis manos se paseaban lenta y sutilmente por su cuerpo, dibuje miles de figuras en su vientre, escribí miles de frases de amor y de ahí puse el sello del amor que jamás morirá.
Nuestro sudor se confundió, la respiración se aceleraba con el palmoteo de mis manos en sus piernas, rastreaba cualquier cosa que pareciera dejarla sin aire, acaricie su pecho con una delicadeza inimaginable y deje que mi imagen en su mente la bañara una y otra vez. Nuestros ojos se encontraban, su miraba reflejaba las ansias de quedarse a mi lado. Sobraron palabras esa noche...
Quedó más que claro, el amor (a nuestra forma) estaba hecho, sin pensarlo, nos dijimos tanto sin abrir la boca más que para aquellos besos apasionados, aquellos juegos que ella y yo mismos perfeccionamos.
No fue común, no es lo que todas las parejas hacen, lo digo no como escritor, si no como aficionado al amor, eso si fue hacer el amor, no nos quitamos la ropa para excitarnos y tener sexo, en cambio desnudamos nuestras almas y nos entregamos el uno al otro...
Jorge E. Carmona
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