Si te vas no pienses que iré detrás tuyo, aún no se si llegue a extrañarte, aún dudo mucho que piense en ti todas las noches antes de dormir cuando la luna susurre tu nombre a mis espaldas.
No considero que sea apropiado que te vayas, y si lo haces no olvides el camino.
Si te vas, hazlo como la lluvia en verano, has de tu escape el más vagabundo, tanto que las flores no alcancen tu piel y el agua no surque tus labios. Cuéntale al ocaso el motivo, dile que has hecho de mi un esclavo ciego. Trata de no impregnar tus notas en el sol, el podrá cantarlas en las tiernas playas de la vieja ciudad y martirizarme con su abrazador carisma. Si te vas, las aves que cantaban en mi ventana todas las mañanas de Septiembre se irán detrás de ti, los coros angelicales que surgían de tus dulces labios rojos como la sangre misma se marchitaran. Tú, amor mío, sabes que si te vas, el brillo de mis ojos se perderá, sera remplazado por un pálido café frío, y sabes que no es mi preferido. Si te vas, el perro que ladraba a tus espaldas no volverá a ladrar, las mirlas picaran mis pies y se burlaran de mi cuando visite sus tierras frías. Cuando te vayas tu nombre retumbara en mi mente como las canciones de Piazzolla, agudas, secas, tenues, inconclusas. Cuando te hayas ido, el verbo no será más, el sustantivo no tendrá un nuestro, el presente no será perfecto.
Si te vas, no olvides contar los pasos para que des los mismos al regresar.
Jorge E. Carmona
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