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martes, 24 de enero de 2017

Sus ojos...

Luego de ver su sonrisa no conseguía ver las demás cosas maravillosas del mundo de la misma forma. El brillo del mar en un atardecer no se comparaba con la lucidez de su mirar al sonreír. El arco-iris se veía opaco al lado del hermoso café de su propio iris. El elegante calor abrazador del sol en verano ya no era nada al lado del calor que se incrustaba en mi cuerpo sin vacilar cuando me miraba al decirle que la amaba. La tormenta ensordecedora se apaciguaba cuando su pupila se dilataba. Las olas del mar cosquilleaban mi pecho menos que sus pestañas de pétalos sencillos. Sus ojos eran tan impactantes que podía ver las estrellas tan cerca como podía besar sus labios...





Jorge E. Carmona

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