La miré fijamente mientras clavaba mi estaca en su pecho, su sangre salpicaba mi camiseta azúl, se confundían así mismo con el terciopelo de la alfombra, se escuchaba por la puerta el cantar de los abichucos, las carretas pasaban por la carretera, y al otro lado los niños corrían, ¿Yo? Sonreía, mi venganza estaba completa
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